domingo, 30 de octubre de 2011

Y llegó el otoño...

“No puedo ser sin que las hojas vuelen y vuelvan a la tierra” (Pablo Neruda)

Y cuánta razón tiene nuestro amigo Neruda, ¿Cómo ser?, ¿Cómo renacer?, ¿Cómo volver a estar sin el paso inexorable del otoño?.

“Amigo” incomprendido, al que se le adjudican todos los males: frío, lluvia, viento, nostalgia, depresión…, hay quien compara la caída de las hojas de los arboles con el anuncio de la muerte. Y yo me pregunto ¿Puede haber algo más vivo que el otoño?

¡Hay! queridos amigos, no os dejéis llevar por la melancolía, sé  que las vacaciones quedaron atrás, sé que un nuevo periodo estival nos parece lejano e inalcanzable e incluso comprendo que los días más cortos, “acortan” también nuestra actividad acrecentando ineludiblemente nuestra apatía. Pero, ¿Os habéis parado a pensar alguna vez que sería de nosotros sin el otoño?


Hace tiempo, un gran amigo mío me dijo lo siguiente: “Hace falta que se rompa una estrella, para que podamos ver la infinidad del cielo”. Por tanto no es así mismo necesario que las lluvias, el frío, el viento, “rompan” el ciclo que hasta ahora tenía nuestro preciado Parque Natural Sierra de Andújar y comencemos a ver la “infinidad” de lo que se esconde más allá.

Más allá del sol y del calor, que estaréis de acuerdo conmigo este año ha sido tremendo y tremendamente largo, existe todo un mundo por descubrir. Para mí, sin lugar a dudas, nunca encontrareis nuestro Parque Natural más bello que bajo la atenta mirada del otoño. ¿Es posible encontrar una estación más bella que ésta en la que nos encontramos? No hay color que pueda ocultarse y toda la gama cromática luce despertando nuestros sentidos. Encontramos las maravillas del Equinoccio en la naturaleza que crece o en el sol que pasa del blanco al dorado fuego, iluminando, calentando, pero sin quemar. El Otoño  trae días grises, es verdad, ¿pero acaso no son los mejores para la reflexión? y también nos trae lluvias apaciguadoras, lluvias que nos traen vida y esperanza, y que nutren la ya tan castigada y quemada tierra de nuestro Parque Natural que lleva soportando altísimas temperaturas más de cuatro meses. Pronto aquellos pastos de los que hablábamos en entradas anteriores se convertirán en hierba tierna y jugosa que alimentara a nuestros animales antes del frío invierno.













El insistente calor unido a la ausencia de lluvias del comienzo del otoño, han influido notoriamente en los ciervos de nuestro Parque Natural. Acostumbrados como estamos a que las jornadas de berrea sean de una grandísima intensidad, éste año hemos tenido que conformarnos con marchas más leves y de menor ímpetu. Por supuesto no quiero decir con esto que no se hayan dejado escuchar los berridos de estos ungulados en los atardeceres serranos, todo lo contrario, y hemos podido disfrutar de manifestaciones más o menos  fuertes, combates por las hembras y medidas de fuerzas.
Pero hemos podido deleitarnos menos y durante menos tiempo.

La buena noticia, buenísima diría yo, es que por fin comenzó a llover, el verde comienza a despuntar y como bien dice nuestro cancionero popular: “los pajarillos cantan y las nubes se levantan”, nubes que dejan cielos limpios y frescos.  Octubre ha llegado a su fin, las horas ya se han cambiado,  y noviembre viene dispuesto a pintar nuestros bosques de colores ocres, rojos y amarillos. Las primeras lluvias dejaran paso a nuevos frentes y los árboles de hoja caduca empezarán el colorido proceso que les llevará a perder las hojas. Es el acontecimiento natural que anuncia la llegada del otoño. Un otoño tardío sí, pero otoño al fin y al cabo, y como más vale tarde que nunca, es hora de desperezarse, de sacar de los armarios las botas y los chubasqueros, y salir al monte, a los ríos, a cada rincón del Parque Natural Sierra de Andújar.

Si eres amante de la fotografía, lleva siempre tu cámara contigo. Si aún no te has iniciado, no vas a encontrar un momento mejor. La fotografía de naturaleza es uno de los estilos de fotografía más practicados. Es tremendamente satisfactoria y no necesitas ser fotógrafo profesional, basta con que seas simplemente un aficionado; ya que no se necesita demasiado equipo. No hace falta que empieces con grandes inversiones de dinero, es cierto que hay verdaderas maravillas tecnológicas que hacen unas fotografías de esas de quedarse con la boca abierta, pero no deberíamos comenzar la casa por el tejado así que mejor poco a poco. Tampoco necesitas demasiada experiencia para aun así conseguir fotografías realmente impactantes,  ya que con tu pequeña cámara, un paseo por la sierra, atención e imaginación, puedes hacer instantáneas verdaderamente curiosas, y luego siempre puedes ir ampliando tu equipo. Gran parte de la técnica para conseguir las mejores fotos naturales es tener paciencia y ganas de salir a explorar.

Los paisajes del otoño son maravillosos, y la luz, ¿Qué puedo deciros de la luz? Es difícil explicar el brillo que desprende todo, como si las ninfas del bosque hubiesen teñido cada rincón con su polvo dorado. Si yo fuera un entendido en la materia os deleitaría diciendo que la luz inicia en esta época del año una profunda caída hacia la oscuridad del solsticio de invierno y su posterior renacimiento, impregnando todo a cada paso. Pero como no lo soy, solo puedo invitaros a que vengáis a verla con vuestros propios ojos. No hay en el mundo luz más bonita que la “luz del otoño”.



Como podéis comprobar las plantas toman en esta época del año un protagonismo merecidísimo, para ello se engalanan con sus mejores trajes y cada una de ellas, grandes y pequeñas, de hoja perenne o caduca, todas lucen a su manera, expresando su ser, y lo hacen con intensidad, con colores cuya descripción resulta cuanto menos difícil. Solo tenéis que mirar a vuestro alrededor, y asomaros al maravilloso balcón que os ofrece la naturaleza.

Sin embargo no penséis que para nuestra fauna, nuestros animales, el otoño supone una mala estación, todo lo contrario, prácticamente a efectos biológicos se parece mucho a una primavera. Los frutos madurados durante el verano dejan ahora multitud de frutas y frutos, bayas y toda clase de semillas. Así mismo y como apuntábamos anteriormente la vegetación se revitaliza y recupera dando como resultado tiernos brotes y germinaciones de numerosas plantas. Ante esta abundancia de alimento, los animales invertebrados, anfibios, reptiles, aves y mamíferos, sacian su hambre, recogen y guardan para el invierno e incluso algunos se afanan ya que pronto les llegara una nueva puesta o camada y han de estar lo más fuertes posibles. 







Ya desde finales del pasado mes de Septiembre, podemos divisar en nuestros cielos el fantástico espectáculo de la migración de las aves. Unas nos dejan, se marchan buscando climas más cálidos en tierras africanas, como el Águila Culebrera o la Cigüeña Negra, y curiosamente otras que pasan el verano en el norte de Europa llegan hasta nuestras latitudes en busca de zonas menos frías, como el Cormorán. También podemos ver otras llamadas Invernantes, que pasan todo el año entre nosotros, son sedentarias y apuestan por quedarse incrementando año tras año las poblaciones de dichas especies, a las que les basta estar bien preparadas para afrontar el invierno.

Los invertebrados, tan presentes durante el verano comienzan a prepararse para el invierno, los insectos, los arácnidos, según la especie, todos acabaran como crisálida, huevo, o si es adulto, generalmente en un estado que se denomina “diapausia”, comparable con la hibernación de algunos mamíferos.




Los anfibios y reptiles aprovechan para comer todo lo que pueden, de que sus reservas estén al máximo dependerá que sobrevivan hasta la próxima primavera. Así mismo es hora de encontrar un buen escondrijo donde pasar el invierno. Cuando salgáis al campo, y veáis las piedras y rocas en el suelo tened en cuenta que bajo muchas de ellas pueden habitar anfibios y reptiles, procurad no molestarles, dejad que sigan con su sueño invernal, ya que un cambio en su temperatura podría provocarles la muerte.
Los pequeños mamíferos como Topos, Lirones caretos, Erizos, o Tejones, se afanan en buscar alimentos (bellotas, piñones, bayas, etc.). En otoño ver a estos pequeños animales es bastante fácil, ya que trabajan durante horas buscando ese preciado manjar que será su sustento durante los meses de invierno, hasta que la primavera vuelva nuevamente a despertar.

Para los mamíferos más grandes este tiempo es, como podría decirlo, un tanto peculiar. Para unos es tiempo de emparejamiento, de vida, de esperanza; sin embargo para el ciervo es tiempo de luchar a contrarreloj por que la muerte viene acechando detrás de cada árbol, de cada piedra. Es tiempo de monterías, los mismos campos que hace solo un mes servían de estrechamiento de lazos entre los cónyuges, son ahora testigos del miedo.


Tengo que reconocer que el tema de las monterías, es para mí un tema escabroso, que entiendo y respeto sobremanera pero que hace cada año mella en mis profundos sentimientos conservacionistas. He de ser claro y sincero en cuanto a este tema se refiere ya que por un lado ¿Qué sería del Parque Natural Sierra de Andújar sin las monterías? La respuesta es fácil, probablemente se encontraría en un estado de deterioro considerable, ya que las fincas monteras hacen una impecable labor donde el cuidado de los animales es fundamental. Y no solo los ciervos, sino que ya por añadidura toda la cadena trófica se beneficia. Hemos de considerar también la gran aportación económica que supone para nuestro Parque Natural y nuestros municipios la llegada de los cazadores, ya que existe toda una red de productos artesanales directamente ligados a esta práctica: Carnes y chacinas procedentes de los ciervos, talabartería, marroquinería, trofeos, adornos y joyas a partir de las cornamentas, etc. y esto queridos amigos no es poco en los tiempos que corren.

Pero como ya os decía antes, para mí la visión de la muerte donde antes todo era vida y fuerza, es cuanto menos triste, y no puedo evitar tener un toque de amargura.
Mientras tanto, y como continuamente ocurre en la naturaleza, la vida se revela, se abre hueco y continua acaparando nuestra atención y muchas especies comienzan con sus pautas de emparejamiento. Las grandes rapaces: el águila imperial, el  águila real, y la perdicera entre otras, dibujaran a finales del otoño, bailes de amor, anunciando que pronto comenzarán a reproducirse. El búho real comenzara a ulular en los riscos de nuestra sierra esperando la llegada de su pareja. Los zorros, con sus gañidos y aullidos nos darán un toque de magia en las frías noches de la campiña, y el gruñir  y bufar de nuestros últimos gatos monteses nos darán esperanza en las noches de luna llena.

No hay duda, os puedo asegurar sin lugar a equivocarme,  que el otoño es la mejor estación del año para disfrutar de la Sierra de Andújar. Pasear, observar nuestra fauna local, fotografiar paisajes y detalles maravillosos, disfrutar de un clima suave y, ¿porque no? , disfrutar de una magnifica e inolvidable estancia en uno de los múltiples alojamientos de los que disfrutamos en este preciado entorno natural.













Para finalizar permitidme haceros otra propuesta, si os animáis y no queréis perderos detalle no lo penséis más y dejaros guiar con nuestra empresa de actividades. No os vamos a defraudar.



               “turismo verde, guías de naturaleza”- Telf.:629 51 83 45 -  lasierradeandujar@gmail.com

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...